Fecha: 2017-12-03 13:42:15


A 50 años del nacimiento de la primera columna de “Tombolito” Mena


Luego de años de cárcel y exilio, Tomás Mena vuelve a Salta en 1965. El Tribuno lo acoge y nace “A la hora del cierre”.

El pasado 1 de diciembre, hizo cincuenta años que nació en la contratapa de El Tribuno, la columna “A la hora del cierre”, de Tomás Ubaldino Mena, alias Tombolito. 
En agosto de 2003, nuestro desaparecido colega Sergio Gareca le hizo un reportaje y allí surgieron, quizá por primera vez, datos sobre la vida de Mena que para muchos lectores de El Tribuno y de la Columna, eran totalmente desconocidos. 
Tomás Mena, había nacido en 1928 en Balboa, un pueblito que está a la vera de la vieja RN 34, Rosario de la Frontera. Allí aprendió a leer y a escribir, pero luego en Salta continuó sus estudios en el Colegio Salesiano, donde se graduó en Artes Gráficas. 
En 1946, al ingresar como linotipista del diario Norte, inició su entrecortada carrera de periodista pues a poco trocó la linotipo por una máquina de escribir. Por entonces, Norte estaba en Deán Funes 92, la misma casa que a partir de 1956 albergó a El Tribuno.

Tombolito peronista
Para 1946, Norte era el diario que aquí pregonaba el ideario de Perón, y quizá fue eso lo que hizo que Mena abrazara el peronismo. En 1951, dejó Norte y se incorporó a El Tribuno, un diario nuevo de propiedad de la sociedad entre el Partido Peronista, Emilio Espelta y Jaime Durán. Algo después, Mena se incorporó al Secretariado Regional de la CGT Salta, lugar donde lo sorprendió el golpe militar de 1955. Un hecho, que marcó a fuego la vida de muchos, entre ellos la de Mena que definió a esos días como “atroces, de odio y revanchismo”. Su rebeldía lo llevó a sumarse a la naciente Resistencia Peronista junto a “Olivio Ríos, Nicolás Taibo, José Marx Nadal, Juanito Fadell, Benito Domingo “Pito” Sánchez y un chango de apellido Padilla. 
A la larga -dice Tómbolo- todo terminamos presos”.

La prisión
“Nosotros editábamos un panfleto que bautizamos ‘El panqueque’, en alusión a los que habían sido peronistas y se habían vuelto ‘libertadores’. También denunciábamos los atropellos que se cometían hasta que una noche de julio del 56 nos detuvieron. A mí me agarró y allanó la casa la Policía Federal. Después, se ‘adueñó’ de mí la Provincial, y ahí conocí la picana.... El suplicio comenzaba como a las dos de la mañana. Era algo terrible.... 
A los 29 días nos trasladaron sucesivamente a las cárceles de Villa “Las Rosas”, Caseros (Buenos Aires), Río Gallegos (Santa Cruz) y por último Ushuaia (Tierra del Fuego)”. 

Una libertad fugaz 
En 1958, con Arturo Frondizi presidente, los presos políticos fuimos liberados. Al respecto, Tomás Mena cuenta: “Nos largaron al día siguiente de que Frondizi asumió la presidencia. Le había prometido a Perón la libertad de los presos políticos, y cumplió”. 
De nuevo en Salta, Mena se reincorporó a El Tribuno cuyo director era Roberto Romero. Pero duró poco. “Me volvieron a guardar en 1959 luego de hablar en el acto de la CGT del 1º de Mayo. Les ofrecí la horca a los militares traidores. Y bueno, había vuelto la democracia pero los milicos mandaban. Me buscaron, y una noche me agarraron cuando, pasado de hambre, me acerqué al buffet de Juventud Antoniana. Por un Consejo de Guerra fui condenado a seis años de cárcel en Magdalena. A los cuatro me fugué y pasé al Uruguay. De allí volví en 1965, por una amnistía anterior del presidente Illia. 
Pasé tiempos de malaria, sin trabajo, sin un mango, muerto de hambre y levantando puchos en la calle”, recordaba.

“La hora del cierre” 

Cuando en el 2003 Sergio Gareca le preguntó a Tombolito cómo había surgido la idea de la columna, respondió: “La idea inicial era poner en la contratapa del diario, como dice su nombre,”La hora del cierre”, las últimas noticias de la jornada, en forma muy breve, casi telegráfica. La primera salió el 1 de diciembre de 1967...”.
Sobre el seudónimo de Tombolito agregó: “Me lo puso ‘Pinky’ Alurralde que era gerente del Banco de Préstamos. El banco pagaba un aviso en la columna donde anunciaba el resultado de los juegos de azar. Pinky sugirió lo de Tombolito, por su obvio parentesco con la tómbola que auspiciaba el banco. Y ahí quedó”. Y a poco, Tomás Mená trocó por Tombolito. 

El “correo” del Operativo Retorno 

Contactado por Framini y Parodi, viajó a Madrid y allí conoció a Perón. 

™Al final, de tanto compartir cárceles y celdas con otros presos políticos, Mena se transformó en un reconocido activista del peronismo. Y tras las penurias, llegó el reconocimiento, el respeto y el afecto de muchos compañeros, de aquí y el exilio. Y así fue que en 1963, estando en el Uruguay, lo buscaron los dirigentes peronistas Delia Parodi y Andrés Framini. Quizá apalabrados por algún compañero amigo, consideraron que era el hombre indicado para trámites secretos del Operativo Retorno. El hecho es que le dijeron que Perón quería hablar con él en Madrid. “Ni dudé -recordó Mena-, acepté y a poco, Perón me envió el pasaje. Por su gestión, el cónsul paraguayo en Uruguay me extendió un pasaporte de su país. Pasé entonces a ser Carlos Castellanos, ‘nacido en Villa Rica, Paraguay’. Con ese documento viaje por España, Brasil, Chile, Francia, Suiza y Argelia”.

En España
Con el dinero entregado por los contactos peronistas de Uruguay, Mena viajó a Madrid. “Yo a Perón nunca lo había visto”, cuenta Tombolito. “En Madrid le pedí a un taxista que me llevara a Puerta de Hierro. Me recibió la guardia española y cuando dije que era Carlos Castellanos, el hombre tomó una planilla y me espetó: ‘Si hombre, estás en la lista...’. 
Era verano y a las 9 ya hacía calor. Perón salió en manga de camisas y con su sonrisa gardeliana. Me extendió la mano pero le pedí que me dejara abrazarlo. ¡Como no muchacho! exclamo. Y al hacerlo rompí a llorar”. 
Así, Mena se transformó en correo de Perón hasta el fracasado “Operativo Retorno”. De ahí sus viajes a Argelia, a Francia vía Suiza, Chile y Brasil.

Fuente: Diario El Tribuno