Fecha: 2017-08-20 10:42:37


Carlos “Patito” Picco, el Caballero del Fútbol


En su largo y fecundo trotar por las canchas salteñas jamás fue expulsado, reprendido y ni siquiera amonestado.

En estos tiempos de violencia, viene bien traer a la memoria la ejemplar conducta de un deportista que actualmente es considerado como una de las glorias del fútbol salteño dada la extrema calidad de su juego.
Jugó a lo largo de trece años en la primera división del fútbol capitalino; estuvo en plena actividad en mil confrontaciones, y muchísimas veces fue destinatario de la intemperancia y las irascibilidades de numerosas defensas llamadas “fuertes”; vivió, sintió y a veces sufrió más de la cuenta, el trámite de la brega, tal cual experimenta cualquier jugador de la máxima división. 

Factores influyentes

Y a lo hasta aquí dicho, corresponde agregar la infinidad de factores que influyen para que un jugador a veces reaccione y tenga que ser sancionado por el árbitro e incluso llegar a la expulsión. Por otra parte, el estado anímico de un hombre no siempre es el mismo, sin contar que la presión del entorno debe tenerse en cuenta. 

Y esto sirve, unos cuantos años después para rescatar su nombre: Carlos “Patito” Picco, hombre íntegro que supo jugar en el desaparecido Club Correo de la ciudad de Salta, en el seleccionado de la Liga Salteña de Fútbol y en Club Atlético Cerrillos.

Sin sanciones

Efectivamente, Carlos “Patito” Picco, en su largo y fecundo trotar por las canchas salteñas, jamás fue expulsado, reprendido y ni siquiera amonestado. Nunca una acción extradeportiva fue observada en su carrera deportiva. Por eso, una vez, hace muchos años, la Liga Salteña de Fútbol lo distinguió con el título de “Caballero del Fútbol”. No sé si hubo otro.

Por eso a “Patito” Pico, un personaje de una timidez sencilla, franca y noble, costaba hacerlo hablar de sus mejores recuerdos y de su prolongada trayectoria futbolística; por ejemplo de cuando en 1959 integraba el siempre peligroso ataque “postal” con Murúa, Juárez, Jiménez y Jurado; por eso, apenas esbozaba una sonrisa cuando le recordaban el gol que le hizo en la cancha de Gimnasia y Tiro a Julio Cozzi, “El arquero del siglo” que en 1958 defendía los tres palos de Independiente de Avellaneda (Bs.As.). Por entonces Picco, jugaba en el seleccionado de la Liga Salteña de Fútbol. Con increíble modestia recordaba que aquel gol a Independiente le abrió las puertas del fútbol grande de Buenos Aires, pues de inmediato el club de Avellaneda se lo quiso llevar para su plantel, oferta que rechazó por la avanzada edad de su madre.

Fuente: Diario El Tribuno