Fecha: 2018-05-20 04:52:26


Relatos de Salta

Cuando un historiador salteño fue elegido para bautizar la nueva Capital Federal


19 DE MAYO 2018 - 23:29 Las ilusiones también tienen nombre: Currú Leuvú, de David Sorich

La idea había sido lanzada a mediados de 1986 por el entonces presidente Raúl Alfonsín: trasladar Capital Federal a Viedma. El 27 de mayo de 1987 fue sancionada la ley 23.512, que disponía los medios concretos para la empresa. Hubo resistencias, apoyos y mucha ilusión. Se armó una comisión y se convocó a un concurso nacional para darle un nombre a la futura ciudad. 

En mayo del 88, con un solemne comunicado, la Nación le confirmó al historiador salteño David Sorich que su idea bautizaría la futura capital de los argentinos. El investigador había propuesto una vieja y dulce voz pehuenche: Currú Leuvú. Y como nombre coloquial de la ciudad proyectada, Nueva Argentina.

Sorich es docente, historiador, escritor, investigador, genealogista, heraldista y vexilólogo. Fue presidente de la biblioteca popular Cooperación y Mutualidad, y sobre todo es impulsor de entidades educativas y culturales en Salta y en Rosario de Santa Fe. 

Como buen cronista, la mitad de su trabajo es silenciosa y acaso obsesiva. Por eso se lo suele ver enfundado en su traje aislante como El Eternauta, viajando por el tiempo en los archivos y bibliotecas del país. Pero es un historiador singular: utiliza sus conocimientos como un cincel con el que talla la realidad.

Tras la historia

Entre los logros de Sorich, que son varios, se pueden mencionar la constatación del lugar de nacimiento de Lola Mora en Salta. También, junto a los estudiantes del Centro Polivalente de Artes creó la bandera salteña.

Como investigador, sus pesquisas han logrado dar respuestas a preguntas que parecían condenadas a no responderse. 

Licenciado en Historia, Sorich es reconocido por su tenacidad a la hora de lanzarse tras un dato. Es que su trabajo es minucioso, aunque casi siempre se ramifique hacia cursos de finales sorprendentes.

Urgido por conflictos, Alfonsín precipitó los acontecimientos hacia finales de la década del 80. 

Innumerables comisiones revisaban día y noche los posibles nombres. Desde la Academia Argentina de Letras hasta el Instituto Geográfico Nacional se habían comprometido a sacar adelante la encomienda. 

Al final sobrevivió una terna de propuestas, de la cual se eligió la que había enviado Sorich, con una abundante investigación que confirmaba los detalles de su idea. El salteño también propuso el escudo y el himno de la futura ciudad.

“Presenté la palabra ‘Currú Leuvú’, que quiere decir ‘Río Negro’ en pehuenche genaken. Chanel, el mayor cacique de ese pueblo, era muy morocho y se supone que por él le dicen ‘negro’ al río. Y propuse dos nombres porque si una persona no se acuerda de uno, se tiene que acordar del otro”, argumenta el historiador.

Pero al estilo de Martínez Estrada, Sorich había hecho una propuesta mucho más amplia, para cimentar la refundación del país que se proponía en ese momento. 

Primero, dejó asentado que era imprescindible crear el Tren Transargentino. “Con el modelo de un árbol, tiene que recorrer el país de norte a sur, para trasladar población a las grandes extensiones del país”, formula.

Sorich también había sugerido un sitio alternativo para la instalación de la ciudad: el punto medio de la Argentina continental del país, sin contar al sector antártico. Espacio que, según sus cálculos, se ubica en un triángulo entre las localidades de Villa Regina Choele Choel y Puelches, localidad que es “el centro geográfico de la Argentina”, según explica el investigador.

El historiador se apasiona hablando del proyecto de una nueva república que se pudo curar de su macrocefalia agónica y expandirse hacia adentro en un verdadero federalismo. 

Incluso viajó hasta la localidad de Puelches y, en su Secretaría de Cultura, dejó su minucioso proyecto para que las futuras generaciones supieran que ahí, en ese centro desconocido de la inmensa Argentina, se asienta el destino del país.

Al cabo, David Sorich cuenta que en Río Negro un hotel y un barco se han adjudicado el “Currú Leuvú” de sus desvelos, como los retazos de un mapa que espera ser. Y se ríe. “Alguna vez se hará”, asegura, con los ojos brillantes y una sonrisa que apunta al futuro.

Alfonsín, Sarmiento y Quintana impulsaron ideas similares

La propuesta de Raúl Alfonsín era llevar la capital a Viedma y dividir Buenos Aires en tres territorios. No era la primera vez que se impulsaba un proyecto similar.

Uno de los proyectos más antiguos es el que postulaba Domingo Faustino Sarmiento, en su obra “Argirópolis”. Planteaba la idea de trasladar la capital a la isla Martín García, con la anexión de Uruguay y Paraguay. Pero en 1871 se sancionó la ley 620 que mudaba la capital a Villa María, Córdoba y la vetó el mismo Sarmiento que era presidente.

En 1867, el diputado Manuel Quintana presentó en el Congreso el proyecto de trasladar la capital nacional a Rosario de Santa Fe, que cuenta con su puerto propio y la reminiscencia de haber sido sede de la capital de la Confederación Argentina.

En 1900 el senador Carlos Pellegrini lanzó un proyecto para crear una nueva provincia con parte del territorio de La Pampa y de la provincia de Buenos Aires, con capital en Bahía Blanca.

En 1910, el gobernador bonaerense Gral. Inocencio Arias anuncia su intención de trasladar la capital a La Plata.

En 1925, el doctor Alfredo Hudson, en su libro “Argentina, nueva geografía política” propone ubicar la capital en un punto equidistante de Buenos Aires, La Pampa, Córdoba y Santa Fe.

En 1942 Leopoldo Velazco en su libro: “La cuestión capital de la República, problema impostergable”, propone instalar la capital en el noroeste de La Pampa.

A lo largo de los gobiernos kirchneristas, muchas veces se habló de trasladar la capital del país. Salta, Rosario, Córdoba y, nuevamente, Viedma fueron mencionadas. Este año, se reflotó la idea, con Salta como sede.

Fuente: El Tribuno Salta