Fecha: 2018-04-01 06:21:43


Pobreza

La pobreza retrocedió pero sigue siendo el gran desafío


31 DE MARZO 2018 Los datos del INDEC, ya normalizado, indican que en el segundo semestre de 2017 la pobreza descendió del 30,3% al 25,7%

Los datos del INDEC, ya normalizado, indican que en el segundo semestre de 2017 la pobreza descendió del 30,3% al 25,7%; al mismo tiempo, 600.000 personas salieron de la indigencia, que bajó al 4.8%.

El anuncio, encabezado por el presidente Mauricio Macri, desmiente de hecho los pronósticos agoreros formulados por la oposición, acerca de un dramático agravamiento de la pobreza. Al mismo tiempo, aparece como un paso hacia adelante en el principal objetivo del actual gobierno de alcanzar la “pobreza 0”. Una meta ideal, pero con fuerte dosis de utopía.

En Salta, las cifras resultaron más alentadoras todavía, porque la pobreza bajó de 33,2 % a 24,8 % y la indigencia, de 6,7% a 3,5%. Esto es atribuible a que la inflación creció menos que los salarios y los planes sociales, pero llama la atención y merecería un análisis particular, el hecho de que con el 8,2% de retroceso de la pobreza, nuestra provincia registre una mejora que casi duplica el 4,6% que arrojan las cifras nacionales.

Es cierto que los sueldos promedio en Salta son inferiores a la media nacional, mientras que el empleo en negro es mucho más elevado que en el resto del país, y habría que analizar entonces como evolucionaron realmente los ingresos de los asalariados registrados y en la informalidad.

La pobreza es un problema muy serio, que supera los meros indicadores circunstanciales de capacidad de consumo, y que nuestros gobiernos de las últimas cuatro décadas no han logrado afrontar ni resolver.

El economista Jorge Paz, de IELDE, en un reciente documento, señalaba que en los hogares monoparentales o con padres desocupados la pobreza llega casi al 85% de los niños. La misma tendencia se verifica en los hogares de cuentapropistas o trabajadores en negro. Donde los jefes de hogar que no completaron la escuela primaria, la pobreza infantil se cuadruplica.

Los datos de la pobreza por ingresos son volátiles, porque están sometidos a leves variaciones de inflación.  “Las mediciones de la pobreza basadas en el ingreso de los hogares son relevantes, pero es necesario incluir otras dimensiones, como la vivienda, el saneamiento básico, un entorno de protección y otros aspectos de la vida de las personas”, señalaba Paz.

En el caso salteño, la mencionada prosperidad se limita al ámbito urbano, pero ninguna indagación de la realidad cotidiana invita al optimismo. El desempleo, la desnutrición de niños y adultos y la extrema dependencia de muchos hogares con respecto a los planes sociales es el correlato de alarmantes indicadores de violencia social.

En primer lugar, que en la Argentina haya diez millones de pobres y dos millones y medio de indigentes confirma la urgencia de revisar las estrategias económicas a largo plazo.

Según estadísticas que gozan de consenso, nuestro país tenía en 1974 un 4 % de pobres, que en 1983 llegaban al 16% y en 2016, al 32%. El mismo período muestra un retroceso brutal en el desarrollo industrial, la actualización tecnológica y el empleo registrado.

La falta de políticas industriales definidas y sostenidas en el tiempo y la ausencia de un perfil productivo acorde con la evolución de la economía en el mundo son la causa más visible de una caída global que produjo, desde 1983 una inflación anual promedio del 71%, un aumento del gasto público desde el 25% al 45% del PBI, con la secuela previsible de déficit fiscal, endeudamiento y aumento de la presión inflacionaria.

A esto se suma la ineptitud y la desorientación del Estado en la asignación del gasto público.

El sociólogo Agustín Salvia, del Observatorio de la Deuda Social, pasa revista en una publicación reciente de los fracasos de los sucesivos ensayos neoliberales, desarrollistas y populistas que siempre lograron avances provisorios y recesión posterior. Las pasajeras bonanzas, producidas por políticas internas y vientos favorables del exterior, nunca lograron salir de un proceso creciente de concentración económica y falta de competitividad en el exterior.

Más allá de celebrar u objetar los indicadores de pobreza de 2017, es esencial asumir, como país, que sin inversión productiva, sin un proyecto común y sin solidez del sistema educativo no habrá empleo, y sin empleo seguirá habiendo pobreza y exclusión.

Fuente: El Tribuno Salta