Fecha: 2017-09-11 10:25:17


El tesoro de los Alvear


Por Ricardo Alonso La historia que voy a contar me fue revelada gracias a la feliz circunstancia de un viejo vino ajerezado que me llevó a descubrir héroes, naufragios, tesoros, próceres, batallas, desgracias inimaginables, amores prohibidos, genealogías de presidentes argentinos, bodegas históricas, y un sinfín de cuestiones concatenadas.

La historia que voy a contar me fue revelada gracias a la feliz circunstancia de un viejo vino ajerezado que me llevó a descubrir héroes, naufragios, tesoros, próceres, batallas, desgracias inimaginables, amores prohibidos, genealogías de presidentes argentinos, bodegas históricas, y un sinfín de cuestiones concatenadas.

Unos amigos de la infancia, Mario Villa y familia, me regalaron una botella de vino licoroso que había estado guardada varias décadas en una buhardilla familiar en Buenos Aires. Lucía muy añeja y las posibilidades de que se hubiese conservado bebible parecían remotas. Al abrirla el corcho se deshizo como arena seca pero el licor estaba en perfecto estado. Se trataba de un Alvear Fino Natural muy seco de Montilla. La etiqueta trasera, igual de deteriorada que la anterior, contaba la historia de esa familia bodeguera de Córdoba (España), fundada en 1729 por don Diego de Alvear y Escalera. También mencionaba que la bodega familiar fue continuada en el tiempo por su hijo don Diego de Alvear y Ponce de León (1749-1830). Hasta aquí nada de que asombrarse, salvo el comentario de que ése individuo tuvo gran actuación en Argentina.

El nombre me sonaba en relación con el naturalista Félix de Azara y con Pedro Cerviño. Efectivamente Diego de Alvear fue uno de los miembros de la famosa comisión demarcadora de límites que envió el rey de España para delimitar las colonias españolas de las portuguesas de acuerdo con el tratado de San Ildefonso (1777). Lo que Diego vivió en América, su regreso a España y su descendencia en nuestro país constituyen una saga digna del más apasionante guión de Hollywood.

El científico

Diego de Alvear estudió en un colegio jesuita español y coincidió con la expulsión de la orden, por lo cual se pasó a la marina donde hizo carrera en las armas navales. Llegó al Río de la Plata en tiempos en que se libraban las batallas que llevaron a la fundación del virreinato y de las cuales le tocó participar. Luego pasaría 30 años de su vida en la región, tomando a su cargo durante 18 años la demarcación de límites en la zona de los ríos Paraguay y Paraná. Al igual que los demás miembros de la comisión demarcadora, tenía formación científica y era experto en física, matemáticas, geografía, cosmografía, topografía y ciencias naturales. Realizaron un trabajo cartográfico y topográfico de gran exactitud para la época. Se cuenta que con su equipo de geógrafos y cartógrafos hacía reuniones diarias para consensuar los trabajos y que obligaba a realizar de noche las observaciones topográficas según las estrellas, y que además los mapas debían hacerse todos en una misma escala, entre otros aspectos metodológicos. Diego de Alvear era un políglota y sus vivencias con los indígenas de América del Sur le llevaron a estudiar y aprender sus lenguas. Hablaba en latín, inglés, francés, español, italiano, portugués e incluso tupí y guaraní. Precisamente, además de los estudios geográficos, realizó observaciones botánicas, zoológicas, mineralógicas y un estudio etnográfico de los pueblos tupí y guaraní.

Entre las memorias y escritos publicados por Alvear o rescatados por terceros se tienen: "Relación geográfica e histórica de la provincia de Misiones", "Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en la América Meridional", "Observaciones físicas y de historia natural sobre los tres reinos, animal, vegetal y mineral", "Descripción del virreinato de Buenos Aires", "Informe sobre la población del gran desierto de Ñucoraguazú", "Informe sobre la población del Chaco", "Informe sobre los indios tupis", "Informe sobre la población de los indios guaraníes", entre otros manuscritos y documentos menores. En todos los escritos se nota la erudición, la prolijidad y el detalle de las observaciones sobre las cuestiones del mundo físico, biológico y humano.

Fábula y tragedia

Una versión apócrifa sostiene que mientras demarcaba límites en Yapeyú, conoció a una bella indígena guaraní llamada Rosa Guarú con quien habría tenido un hijo natural el cual sería adoptado por la familia del gobernador correntino Juan de San Martín y que ese hijo no sería otro que el libertador de la patria. El Instituto Nacional Sanmartiniano produjo un informe terminante que no da lugar a ningún tipo de dudas sobre la filiación del Padre de la Patria. Diego de Alvear casó en Buenos Aires en 1781 con María Josefa Balbastro de cuya unión nacerían nueve hijos. Algo funesto le habría de suceder. En 1804 embarcó en Montevideo en la fragata Nuestra Señora de la Mercedes, con su esposa y los nueves hijos, más una valiosa carga en monedas de plata y oro. Ocurrió que el segundo comandante de la nave principal, la Medea, se enfermó, con lo que Diego de Alvear y su hijo primogénito Carlos María tuvieron que cambiar de barco. Navegaron hasta España y cuando estaban llegando a la península fueron interceptados por barcos ingleses de la marina de guerra. Un entredicho naval hizo que los ingleses dispararan a la fragata Nuestra Señora de la Mercedes y que los cañonazos impactaran en la Santa Bárbara generando una tremenda explosión y el hundimiento cegando las vidas de 240 personas a bordo.

Diego de Alvear y su hijo vieron morir a toda su familia y perder su fortuna en un solo y aciago instante. Luego fueron tomados prisioneros y llevados a Inglaterra.

.Permaneció poco más de un año en Inglaterra donde conoció a la joven Luisa Rebecca Ward, irlandesa, con quien se casó en segundas nupcias en 1807 y de cuyo matrimonio nacerían siete hijos. Diego de Alvear continuó su vida en España, con honores, sea en cuestiones de defensa militar o al frente de la bodega familiar hasta su muerte el 15 de enero de 1830, justo un día después de haber brindado una exposición al rey.
La historia tiene una bifurcación sumamente interesante y es que su hijo primogénito, Carlos María de Alvear (1789-1852), volvería al Río de la Plata y sería una pieza fundamental en el proceso independentista. Alcanzó el grado de general, participó en numerosas batallas, fue Director Supremo de las Provincias Unidas y fue uno de los creadores de la logia Lautaro. Personaje muy controvertido de la historia argentina está enterrado en La Recoleta, lo recuerda un hermoso monumento ecuestre en la ciudad de Buenos Aires y tiene una estatua en la provincia de Corrientes, obra de la salteña Lola Mora. Carlos María de Alvear estaba casado con María del Carmen Sáenz de la Quintanilla con quien tuvo diez hijos. Uno de ellos, Torcuato Antonio de Alvear, fue intendente de Buenos Aires y un hijo de éste Marcelo Torcuato de Alvear llegaría a presidente de la República.
Miembro del partido radical, su historia con la soprano Regina Pacini y su relación política antes y después de Irigoyen, son muy conocidas. Hoy el apellido Alvear, que iniciara don Diego de Alvear y continuara su hijo Carlos María y su bisnieto Marcelo Torcuato, está presente en nombres de calles, plazas, pueblos y hasta alguna ciudad a lo largo y ancho del territorio nacional. En 2007 la historia de los Alvear volvería a la luz cuando la empresa norteamericana cazadora de tesoros “Odyssey Marine Exploration”, utilizando Gibraltar como base de apoyo, encontró el valioso tesoro que llevaba la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, donde pereció la esposa de Diego de Alvear y sus ocho hijos. Entre otros objetos recuperaron un cargamento de 200 mil monedas de oro y plata, lingotes de cobre, cañones y otros objetos históricos que se llevaron a Estados Unidos. La justicia falló a favor de España y el tesoro tuvo que ser devuelto.

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