Fecha: 2017-08-14 09:10:47


Arthur Bloom y las formas de la Tierra


Por Ricardo Alonso adie conocía mejor que él la geología de los Finger Lakes, esos lagos alargados, con la forma de los dedos de una mano, que se encuentran en el norte del estado de Nueva York.

Nadie conocía mejor que él la geología de los Finger Lakes, esos lagos alargados, con la forma de los dedos de una mano, que se encuentran en el norte del estado de Nueva York. Precisamente, en la punta de uno de esos lagos, el Cayuga Lake, se encuentra la ciudad de Ithaca, y dentro de ella la famosa Universidad de Cornell. Bloom eligió Ithaca y Cornell para pasar los últimos 57 años de su vida dedicado a la enseñanza universitaria y al estudio de las formas de la superficie terrestre, esto es la ciencia de la Geomorfología.

Estaba considerado el principal experto mundial de esa disciplina y sus libros son verdaderos clásicos en la materia. Uno de ellos "La superficie de la Tierra" (1969), en inglés, fue traducido al alemán, POLACO, español, portugués y japonés.

Precisamente la edición en español fue publicada en 1974 por la editorial Omega (Barcelona) en su colección "Fundamentos de las Ciencias de la Tierra", con una impecable traducción del Dr. Juan Carlos M. Turner, de gran actuación en los estudios geológicos del norte argentino. En 1978, Bloom publicó en inglés "Geomorfología: Un análisis sistemático de las formas terrestres del Cenozoico tardío" (Prentice Hall, 510 p.), considerado el mejor libro de texto sobre la materia y que tuvo numerosas reediciones.

Arthur Leroy Bloom (1928-2017), nació el 2 de septiembre de 1928 en Waukesha (Wisconsin) y falleció el 31 de mayo de 2017, a los 88 años de edad, en Ithaca (Nueva York). Se recibió de geólogo en Ohio en 1950, de master en geología en la Universidad de Otago (Dunedin, Nueva Zelanda) en 1952 y de doctor en geología en la Universidad de Yale en 1959. Era profesor emérito del Departamento de Ciencias de la Tierra y de la Atmósfera de la Universidad de Cornell.

Su doctorado en Yale lograría avances fundamentales en la comprensión de los arrecifes de corales y de cómo estos encierran la historia de los cambios oceánicos y climáticos de los últimos 125.000 años. Enfocó gran parte de sus estudios sobre las barreras coralinas en el Pacífico Oriental. Fue así reconocido internacionalmente al haber establecido la historia de los cambios del nivel del mar durante el Cuaternario superior. Es interesante destacar que el primer naturalista que prestó un estudio serio a los corales fue Charles Darwin durante su viaje en el Beagle alrededor del mundo y en este sentido Bloom siguió la huella del gran sabio inglés.

Bloom y los Andes

En 1960 Bloom se integró a Cornell para enseñar geomorfología. Siguió publicando y participando de estudios oceanográficos en Micronesia y Nueva Guinea y comenzó a formar discípulos en ese campo. Uno de ellos el Dr. Manfred R. Strecker, actualmente entre los geólogos más importantes de Alemania, realizó bajo la dirección de Bloom su tesis de maestría en las paradisíacas islas de Vanuatu y más tarde la tesis doctoral en el Valle de Santa María (Catamarca). En la década de 1980, Bloom comenzó a trabajar en un proyecto de la NASA para el estudio de imágenes satelitales. Estas crearían una revolución científica en el campo de la geomorfología al poder observar por primera vez las grandes estructuras desde el espacio.

En 1984 vino a nuestro país para participar del Noveno Congreso Geológico Argentino, que presidió el Dr. Víctor A. Ramos (UBA), y que se realizó en Bariloche. A partir de entonces acrecentó su colaboración con Argentina. Eran los años dorados de la geología en Cornell que se encontraba en el ranking de las diez mejores universidades del mundo. Figuras como Brian Isacks, Jack Oliver, Donald Turcotte, William Bassett, Teresa Jordan, Rick Allmendinger, Suzane Kay, Robert Kay, Muawia Barazanghi, Dan Karig, William Brice, entre otros, daban brillo al departamento de geología, al cual estaba relacionado también el astrónomo y exobiólogo Carl Sagan.

Las dunas de Perú

Uno de los temas en común era la interpretación de imágenes satelitales de la Tierra y su comparación con otras de la superficie marciana. A propósito de esos estudios se interesó por unas curiosas dunas de polvo que me había tocado fotografiar en la costa híper árida del sur del Perú y me las canjeó por una fotografía tomada por un astronauta del Challenger, obtenida en una misión anterior a la que explotó pereciendo toda su tripulación.

Uno de sus estudiantes, Eric Fielding, vino a la Puna argentina a estudiar las superficies de reflexión de las rocas en ambientes áridos para su comparación con otras de Marte. Arthur Bloom fue profesor visitante en Australia, Japón, Corea y China.

Enseñaba, dirigía a sus tesistas y publicaba. El geofísico árabe Muawia Barazanghi, lo definió como el "Maestro completo". Personalmente tuve la suerte de participar en los viajes de campo que Bloom organizaba a las montañas de los Apalaches y a visitar la geología glacial en la región de los Finger Lakes. Explicaba con claridad y sencillez los complejos fenómenos que habían afectado el relieve del norte de los Estados Unidos durante las glaciaciones del Pleistoceno.

Era un hombre con un humor especial y a flor de piel. Participaba todos los jueves en el Seminario sobre los Andes del "Instituto para el Estudio de los Continentes" (INSTOC), donde profesores, tesistas, investigadores e invitados brindaban charlas temáticas a sus colegas del departamento geológico.

Bloom estaba siempre presente y tenía a mano una pregunta picaresca, una anécdota graciosa o una salida in

 geniosa que rompía el hielo. Personalmente tuve la suerte que estuviera presente en dos de mis conferencias en aquellos seminarios andinos donde escuchó atentamente y participó activamente de mis exposiciones sobre los salares del Altiplano-Puna y otra sobre la historia de la geología de América Latina.

Sus viajes tropicales lo llevaron a contraer malaria y sufrió muchos años de esta enfermedad. Bloom volcó en Argentina los esfuerzos de sus últimos años de investigación. Mantuvo una fluida relación con el Dr. Victor Ramos de Buenos Aires, el Dr. Jorge Rabassa de Ushuaia y el Dr. Gerardo Bossi de Tucumán. Los Andes Centrales y los Andes Patagónico-Fueguinos tenían así la cobertura científica de excelencia que brindaban los expertos argentinos a los tesistas e investigadores extranjeros.

Un recuerdo entrañable 

Bloom llegó a ser uno de los geomorfólogos más respetados del mundo. Formaba parte activa de la Unión Internacional para los Estudios del Cuaternario (INIQUA) y como tal visitó el país desde la década de 1970. Sus investigaciones de primera mano sobre el periodo más reciente de los tiempos geológicos, desde los corales del Pacífico hasta los glaciares de la cordillera andina o la erosión y acumulación en los desiertos, le daban una visión global sobre la dinámica del relieve que volcó magistralmente en artículos científicos y libros de la especialidad.

Hacia fines de la década de 1980, el Dr. William J. Wayne de la Universidad de Nebraska y uno de los padres fundadores de la moderna geología urbana, me propuso como “fellow” de la Geological Society of America, la mayor asociación geológica del mundo con 31.500 miembros de todos los países. Fui electo en 1990 y fue entonces que me enteré que la propuesta había contado con el aval de otros científicos, entre ellos los doctores Arthur Bloom y Teresa Jordan. Arthur Bloom estaba casado con Donna Schulz y tenía tres hijos. Guardo muchísimos recuerdos de ese gran sabio de la geología mundial, no solo de lo que aprendí en sus viajes de campo, de las largas charlas en los pasillos universitarios, en los seminarios sobre los Andes o en su oficina, sino también de sus publicaciones y libros de dicados.

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